Política
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Martes, 07 Octubre 2014 00:08

Et voilà!

Pues nada, hijos, seguir así, votadles otra vez en las próximas elecciones, que total ya poco queda por destrozar en este país bananero; y es que al final nos lo merecemos por tontos, por no salir a la calle y echar a collejas a toda esta banda de ladrones que no tiene nada mejor que hacer que hundirnos en la miseria.  

Como lo de gastarse un dineral trayendo a dos curas para que murieran en casa no resultaba lo bastante xenófobo y egoísta, ahora resulta que los estudiados protocolos que iban a mantener aislados a los enfermos consistían en que los médicos se mantuvieran alejados mientras las auxiliares arriesgaban su vida poniéndose al alcance de los virus. Y claro, en el país de Manolo y Benito era cuestión de tiempo -de poco tiempo, como hemos visto- que saliéramos en la prensa de todo el mundo haciendo lo que mejor sabemos hacer: el payaso y el ridículo. 

matoNo solo resultaron ser unos ignorantes políticos que han llevado el país a la ruina -eso sí, mientras ellos acumulaban cuentas en Andorra llenas de ceros-, sino que también lo son en cuestiones médicas y biológicas. No me quiero ni imaginar la cara que habrán puesto en el resto de Europa cuando vieron esas fotos de enfermeros con los guantes pegados con cinta americana. Si Berlanga viviera los denunciaría por plagio y luego se moriría otra vez, pero de vergüenza. 

Pero no hay que preocuparse, volverán a ganar; el país tiene el número suficiente de anormales como para que vuelvan a tener mayoría en unas elecciones. Somos así, tontos hasta la bola, ignorantes, un pueblo de idiotas a los que les gusta ser sodomizados una y otra vez, nos tiran el jabón y nos agachamos felices, venga, una vez más, que todavía no hemos dilatado lo suficiente, que nos la meta el que la tenga más gorda, a ver si así... 

Dicen que a raiz de estos contagios van a modificar el protocolo. A partir de ahora el personal médico, además de guantes de látex, se protegerán con rosarios y detentes bendecidos por el obispo de Alcalá. Y a los tratamientos con Zmap se añadirá comunión diaria y tres padrenuestros antes de cada comida.

Los médicos, además, se desinfectarán con agua bendita. 

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  • Las monjas y los curas primero

    ebola

    Mientras en África los afectados por el ébola se resignan a morir, el gobierno español en un alarde de solidaridad con los necesitados, se trae a casa al cura Miguel y a la monja Juliana en un intento de salvarles la vida. Se ve que para eso el Ministerio de Sanidad sí tiene pasta, será la que le han usurpado a los dependientes o a los enfermos de cáncer, abandonados a su suerte a cuenta de esta presunta crisis tan selectiva que deja morir a unos para salvar a los otros.  

    Al cura Miguel y a la monja Juliana no sabemos si los han traido por españoles, por enfermos o por religiosos; por lo primero no parece que sea, la monja es guineana. Por lo segundo, tampoco, enfermos hay miles y al resto los han dejado allí tirados. ¿Será que algún chupacirios del ministerio ha movido ficha para poner en marcha todo este despliegue de medios públicos solo porque estos señores pertenecen a la santa iglesia católica?  

    No entremos ya en los riesgos que conlleva traerse un virus tan peligroso a España; poner en peligro a toda la población por salvar a dos personas es una grave irresponsabilidad, pero tampoco se le puede pedir mucho más a las mentes pensantes que calientan sillones en la administración española. En Liberia, en Sierra Leona, los muertos alcanzan el millar y España mira para otro lado, qué más da unos cuantos negros más o menos, pensará el ministro, aquí lo que importa es salvar al cura, los curas tiene otro status, no son pobres anónimos de esos que hay tantos y que molestan y sobran. Cuantos más palmen allá, menos vendrán en pateras a ensuciar las calles y estorbar o a vender cedés piratas hundiendo a la industria discográfica. Pero al cura sí, al cura hay que traerlo y mover aviones, protocolos de seguridad, cientos de personas y material sanitario, si hace falta vaciamos el hospital y mandamos a los demás enfermos para casa, pero al cura hay que tratarlo a cuerpo de rey. Faltaría más, que igual se nos cabrea algún obispo.  

    A las otras monjas, compañeras del cura Miguel, las han dejado allí. -¡Estábamos preparadas -decían-, estamos enfermas pero no nos han llevado!- Se han traido a Juliana, que parece que no tiene ni un catarro pero que debe tener más amigos que ellas pisando moqueta; al fin y al cabo es más fácil salvar a alguien que no tiene nada y si el cura palma, el ministro chupacirios podrá decir que la operación ha tenido un éxito del cincuenta por ciento. Algo es algo.  

    En África caen los enfermos como pájaros y al gobierno, tan solidario él, no se le ocurre que lo humano y lo correcto es enviar allí a los médicos en lugar de traerse aquí a los enfermos; poner medios en el lugar de la epidemia que impidan que ésta se propague, paliar el sufrimiento de los enfermos, pagar con ese dineral que se han gastado en salvar al cura unas mínimas infraestructuras que minimicen los efectos del ébola. Salvar más vidas. O al menos intentarlo y no dejarlos morir sin hacer nada.  

    Pero, claro, ¿A quién le importa esa gente? No son ciudadanos de primera.

    Como el cura.  

  • Sanidad legaliza la magia
    La inefable ministra Ana Mato, cuya relación con la medicina se limita a sus visitas al médico cuando tiene gripe y que sin más mérito se encarga del Ministerio de Sanidad, ha tenido la febril idea de legitimar la homeopatía a base de ponerla oficialmente casi a la misma altura que la medicina de verdad. Alucinante.
     
    La homeopatía es esa cosa que se inventó un alemán llamado Hahnemann hace doscientos años y que en todo este tiempo no ha conseguido demostrar su efectividad más allá del "a mí me funciona", que como todos sabemos es una prueba concluyente y definitiva de que cura enfermedades... mentales. La homeopatía se basa en diluir cosas hasta límites en los que no queda absolutamente ninguna partícula del principio activo en el agua; y que aunque quedara, tampoco serviría para nada porque el principio de que "lo similar cura lo similar" es otra magufada parida de la mente del alemán un día en que le habían sentado mal los macarrones.
     
    Hablamos, por lo tanto, de agua. De agua con azúcar, si nos referimos a esos "glóbulos" que Boirón y otras empresas venden como remedio de todos los males, un azúcar a precio de oro que genera beneficios de miles de millones de Euros. A lo mejor ahí está el quid de la cuestión.
     
    Los productos homeopáticos –llamarles medicamentos sería mentir- han estado vendiéndose en las farmacias durante décadas ilegalmente y sin la aprobación de los ministerios de sanidad de ningún gobierno democrático, que han estado haciendo la vista gorda. Ahora Europa les ha puesto las pilas y Ana Mato ha decidido legalizar estos productos confundiendo todavía más a la población y haciéndoles creer que sirven para algo. El Gobierno, una de cuyas funciones es proteger a los ciudadanos de estafas y engaños a gran escala, no solo no lo hace, sino que se convierte en valedor de embaucadores y engañabobos, dándole al engaño título de oficial. Todo ello después de haber reducido los presupuestos para investigación y ciencia al mínimo exponente, lo cual resulta altamente sospechoso. A uno, viendo tales despropósitos correr todos en la misma dirección, empieza a darle vueltas por la cabeza la idea de que un gobierno cuyos ministros, sin atisbo de vergüenza, rezan a las vírgenes como sistema para reducir el paro o consensuan con la Conferencia Episcopal las leyes de educación, están abocados a creer en cualquier tipo de magia potagia. Esperemos que lo próximo no sea incluir entre las medidas de seguridad vial la obligatoriedad de llevar en el coche una imagen de San Cristóbal.
     
    Pero claro, Sanidad se ha dado de bruces con la ley, que exige que un medicamento debe probar su efectividad; es decir, para que algo sea llamado "medicamento" debe de estar respaldado por los suficientes estudios clínicos y pruebas científicas que confirmen sin lugar a duda que sirve para lo que dicen que sirve. La homeopatía, como es lógico, no puede probar nada más allá de que no tiene efectos secundarios, que es inocua, pero curar, lo que se dice curar, nunca en doscientos años nadie ha podido probar que lo haga.
     
    homeo¿Qué van a hacer, entonces? Pues algo tan fácil como saltarse la ley y legalizar los productos homeopáticos sin más garantías que su inocuidad a cambio de que en el envoltorio o prospecto no indique para qué sirve. Algo que los grandes fabricantes de agua con azúcar en forma de glóbulos nunca han hecho ni harán para no pillarse los dedos y evitar querellas; ellos lo venden pero ni dicen para qué sirve ni te obligan a comprarlo, ya te dirá el "médico" el nombre del potingue que tienes que comprar.
     
    Los defensores de la homeopatía, pacientes ignorantes y crédulos, desesperados que ante una enfermedad incurable se agarran a lo que sea "por si acaso", médicos que saben que no sirve pero que lo recetan porque es negocio, laboratorios que ganan enormes fortunas vendiendo agua, hablan de que a ellos les funciona, como si algo tan subjetivo fuera una prueba irrefutable; a otros les funciona rezar a la virgen o tener fe; porque la homeopatía solo funciona si crees en ella, algo bastante significativo. La medicina, la ciencia en general, ha avanzado enormemente en los dos últimos siglos, descubriendo nuevos compuestos, curando enfermedades que antes significaban la muerte y mejorando en general la calidad de vida de la humanidad, cuya esperanza de vida es ahora mucho mayor. La homeopatía, sin embargo, se mantiene exactamente igual que cuando Hahnemann la inventó, no ha variado un ápice ni ha avanzado un milímetro ni en sus principios ni en su metodología ni ha invertido un solo céntimo en investigación. Por algo será.
     
    Todo ello, la permisividad para el engaño, la legalización de la magia, es un gran despropósito contrario a toda razón y que un gobierno decente, en lugar de defender, debería prohibir; sobre todo cuando estamos hablando de algo tan importante como la salud. Porque la inocuidad teórica de la homeopatía deja de serlo cuando pacientes engañados dejan los tratamientos médicos para ponerse en manos de estafadores, agravándose sus enfermedades e incluso llevándoles a la muerte, como le sucedió a Steve Jobs y a tantos otros anónimos ciudadanos.
     
    Y eso es algo que un gobierno honrado no puede hacer. Pero claro, la honradez, cuando hablamos de miles de millones, desaparece por arte de magia. O de homeopatía...
  • Vuelve el gris
    A la derecha, que tanto habla de democracia y tanto afirma que ya nada tiene que ver con el régimen anterior, se le escapan los tics dictatoriales a la mínima ocasión, dejando entrever su verdadera cara. Ante eso que se da en llamar scraches y que no es otra cosa que manifestarse frente al político de turno para llamar su atención sobre los problemas de la ciudadanía, al Gobierno no se le ocurre otra cosa que azuzar a la policía para que identifique y multe a todo aquel que ose ejercer el legítimo -de momento- derecho de manifestación, un derecho fundamental protegido por nuestra Constitución. 
     
    El propio SUP ha salido a la palestra denunciando que los métodos que el Gobierno quiere poner en práctica podrían ser incluso ilegales, ya que un grupo de ciudadanos, por mucho ruido que hagan, manifestándose en la calle no constituye ningún tipo de delito, ni siquiera de falta por la que se les pudiera tener que identificar. Los propios policías podrían ser denunciados por prácticas ilegales y quedarían, como afirma el SUP, a merced del juez.
     
    A todo ello se suma la campaña de difamación puesta en práctica por miembros del Gobierno y que suponemos auspiciada desde Moncloa, que trata de terroristas a todos aquellos grupos organizados que salen a manifestarse contra los desahucios, pérdida de derechos o cualquier otra tropelía a la que este Gobierno es tan aficionado. 
     
    Libertad de expresión, derecho a manifestación, democracia participativa, son términos que los miembros de la dictatocracia en que se ha convertido el gobierno de España no tienen en sus diccionarios y que tratan por todos los medios de censurar y prohibir.
     
    grises¿Cuanto van a tardar en resucitar a la Brigada Político-social?
     
    Porque las cosas no quedan ahí; dentro de la política del PP de retorno a las épocas doradas, nos enteramos hoy de que una comisión interministerial, no sabemos si formada a petición de la mismísima Conferencia Episcopal, está estudiando la creación de un tipo de matrimonio indisoluble al que no se pueda aplicar la ley de divorcio. Una modificación que incluiría cambios en los derechos matrimoniales que tanto trabajo ha costado conseguir, de manera que el matrimonio heterosexual quedaría por encima del homosexual -frustrado el intento de invalidarlo por el Constitucional, no les ha quedado más remedio que acatarlo-, de las parejas de hecho y de las familias monoparentales, tanto en cuanto a los cónyuges como a los hijos, que no tendrían la misma categoría dependiendo de en qué tipo de matrimonio hayan sido concebidos o adoptados. 
     
    Y Alemania, encantadísima con Rajoy y su gobierno fascista. A ellos también les van estas cosas. 
  • Acto de fe
    En su comparecencia ante los medios, oculto tras una pantalla como si de un forajido se tratara, Rajoy nos invita a hacer un acto de fe y sin siquiera sonrojarse nos cuenta que nada de lo que El País ha publicado es cierto; ni los papeles de Bárcenas, ni los sobres que contenían pagos y sobresueldos, ni mucho menos esa presunta financiación ilegal con la que el Partido Popular ha estado llenando sus arcas durante estas últimas décadas. 
     
    Su pobre argumentación ha sido negarlo todo, incluso la evidencia de unas cuentas de puño y letra de Bárcenas en las que aparece, entre otros, su propio nombre como receptor de varias cantidades escamoteadas al fisco. Rajoy no ha presentado prueba alguna de su inocencia ni hipótesis que indique la causa por la que cree que alguien muy difuso está conspirando contra él. Porque de eso se trata según Rajoy, de una conspiración, al más puro estilo de aquellas judeo-masónicas, contra el PP para derribarlo del Gobierno. Alguien, nos ha insinuado entre líneas, se está inventando pruebas falsas para hacer daño al PP y a España. 
     
    ruedaprensarajoyClaro que Mariano, con las prisas, ha olvidado que algunos de los papeles que han levantado este escándalo proceden de la instrucción del caso Gurtel y que Pío García Escudero ha reconocido que las cifras que constan a su nombre e ellos son ciertas. No se trata, pues, de algo que aparezca de la nada, sino de documentación real que además está relacionada con otros casos de corrupción que están siendo investigados por el juez. 
     
    A falta de argumentos, Mariano Rajoy intenta una maniobra doméstica de chantaje emocional y trata de convencernos que quien sea que haya argüido esta conspiración está haciendo un daño irreparable a España. ¿A España, señor Rajoy? No sabíamos que el PP era España o que la puesta en duda de su honorabilidad y la de su partido tuvieran nada que ver con el país. El daño a España se lo está haciendo su Gobierno, con unas medidas improvisadas cada viernes en el Consejo de Ministros, impuestas sin consenso ni consulta y que están arruinando trabajadores, empresas y autónomos a velocidad de vértigo; unas medidas que están demostrando no solo no servir para nada, sino ser dañinas y agravar la crisis y aumentar el desempleo. Porque no solo se trata de recaudar el dinero que el Estado le debe a los bancos alemanes y que la Merkel nos exije por encima de todo, se trata de hacerlo sin arruinar el país, se trata de hacer rentables los huevos y no de vender la gallina. 
     
    ¿Y qué va a pasar ahora? Posiblemente nada. El presidente del Gobierno y del PP deja en manos de la Justicia la aclaración de los hechos, promete querellas a diestro y siniestro con la esperanza de callar bocas, y de paso gana un tiempo precioso con el que cuenta para que las cosas se enfríen y espantar el fantasma de la dimisión. 
     
    ¿Y los españoles?
     
    Los españoles siguen adormilados, con la capacidad de reacción extirpada por no se sabe qué medios. Hundidos, recortados sus derechos y sus salarios, exprimidos hasta el hambre, los ciudadanos caminan con la cabeza baja y mirando al suelo como si todo esto no fuera con ellos, como si el miedo a que todo pudiera ir a peor les inmovilizara. España se está convirtiendo, el PP la está convirtiendo, en un estado policial en el que se censura la opinión, se imponen multas por ejercer el libre derecho a la manifestación y se apalea a los que osan salir a la calle a demostrar su indignación.
     
    Los pequeños movimientos que algunos han intentado se han reprimido de manera brutal por las fuerzas de orden, más cercanas cada vez a aquellos grises que algunos conocimos que a una policía democrática cuyos miembros no han conocido la dictadura. El resto, los padres de familia en paro, los españoles cuyo trabajo pende de un  hilo, las madres que apenas pueden alimentar a sus hijos, quizá por miedo, esperan en casa que alguien con un poco más de valor arriesgue el pellejo para sacarles las castañas del fuego. 
     
    Y así nos va a ir mientras no seamos conscientes de que somos nosotros, el pueblo, el que pone y quita gobiernos. A patadas, si hace falta. 
  • Campanadas
    La prensa nos inunda hoy con resúmenes del año, como si mañana fuera a cambiar algo más que la hoja del calendario; decía Murphy que si algo puede ir a peor, irá a peor, y no creo que el buen hombre anduviera muy desencaminado con sus predicciones. Dos mil doce ha sido política y económicamente un desastre y no hay visos de que dos mil trece vaya a ser mucho mejor. 
     
    A los curritos, a los autónomos, a eso que siempre se llamó proletario y a los menestrales nos han dado por todas partes, tanto que al final ni las veíamos venir, desde un Gobierno que se ha dedicado a dinamitar el Estado de Derecho y con él todas las bases sociales y democráticas conseguidas desde que palmó Paquito, e incluso las anteriores, que ya tiene cojones la cosa. Y todo ello con el único fin de garantizar el pago de las deudas del Estado, poniendo a este por encima de los ciudadanos y de su bienestar, incluso de su supervivencia. El objetivo ya no es el paro ni garantizar servicios tan elementales como la sanidad o la educación, todo ello se ha vendido al mejor postor y aquí ya nadie tiene derecho a nada que no pueda pagarse; el objetivo es abrir una brecha insalvable entre pobres y ricos. 
     
    puertadelsolAcaba el año con seis millones de parados, vagos según alguna ministra bocachancla; con la educación convertida en un medio para catequizar a los alumnos a base de hacerles elegir religión porque la asignatura alternativa es evaluable y computable. Una reforma educativa consensuada con la Conferencia Episcopal, algo que en un país aconfesional -en otro cualquiera, en el nuestro no- conllevaría la dimisión del ministro y una sentencia del Constitucional poniendo de vuelta y media dicha ley. Claro que el mero hecho de imponer la religión en la escuela pública ya dice mucho de nuestros traumas sociales. Y es que en este país no aprendemos nunca.
     
    Acaba el año, decía, con la sanidad echada a perder, los hospitales en vías de privatización, las listas de espera más largas que un lunes sin tabaco y los pobres a las puertas de morirse de asco porque no van a poder pagar ni la medicación ni las consultas. Lo que el Estado se van a ahorrar dejando de atender a la mitad de los ciudadanos se invertirá en taxímetros para las ambulancias, que a partir de ahora cobrarán la carrera como si fueran un lujo y no una necesidad; veremos si no nos imponen también la eutanasia obligatoria para evitar gastos en enfermos crónicos o reabren los lazaretos para meterlos allí y que revienten sin hacer mucho ruido. 
     
    Claro que reclamar también vamos a poder reclamar poco, con unas tasas judiciales que muchos no podremos pagar y que a la larga lo mismo nos llevan, a falta de un Estado que nos defienda, a tomarnos la justicia por nuestra mano. ¿O es eso lo que pretenden para, de una vez, sacar el ejército a la calle y tener una excusa para perpetuarse en el poder? 
     
    Y viene el dos mil trece, un año en el que los supersticiosos encontrarán en sus dos últimas cifras la explicación a todos sus males; un dos mil trece que no tiene trazas de que vaya a ser mejor que el dos mil doce. No hace falta ser pesimista para verlo, es suficiente con analizar cómo han sido las cosas este primer año Mariano para darse cuenta cómo van a ser los tres siguientes: A reforma y restricción ciudadana por Consejo de Ministros, acabaremos comiéndonos unos a otros o matándonos por un trozo de pescado de la basura de algún supermercado. 
     
    Pasaremos, pues, el fin de año con desgana, escuchando las campanadas de la Puerta del Sol como en un segundo plano, brindando con champán de marca blanca en vasos de plástico y tratando de no quejarnos demasiado, no vaya a ser que Cristina Cifuentes nos multe por estar a las doce de la noche frente al reloj de la no tan antigua Dirección General de Seguridad o nos meta en el caldero por reunión ilegal. 
     
    Comienza una nueva etapa... de lo mismo. Porque la otra opción es salir a la calle y plantarle fuego a todo esto. Y ninguna de las dos es buena. 
     
    Feliz noche. 
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Por qué Lo que yo decía...

plumaEmpecé este diario cuando me movía entre asociaciones de vendedores de prensa, hasta que la crisis me alejó del mercado laboral y me obligó a cerrar mi negocio. A pesar de ello decidí mantenerlo porque en algún lugar tenía que plasmar las inquietudes, las dudas y todas esas inevitables preguntas que siempre surgen acerca de mí y del mundo que me rodea.

Ahora, pasados los cincuenta y con la muerte en los talones, todo se ve de otra manera; y sin embargo hay que seguir ahí, soñando, porque por alguna razón todavía estamos vivos.

Siempre hay cosas que decir, siempre hay algo por lo que luchar...

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